24 de febrero de 2019

Confesiones de domingo

Hay tantas cosas que quiero decirte: que ni vos sos perfecto ni que yo soy ideal, que entiendo mis taras y que no es fácil lidiar con ellas. Que las cosas nunca fueron ni serán sencillas, que somos el agua y el aceite y eso a veces me asusta más que cualquier oscuridad. Que no sé cómo todavía estamos acá, porque seguimos dando esta batalla, pero que no sé qué haría si un día decidimos bajar los brazos. Que mi insomnio y tus ronquidos se llevan mejor que nosotros cuando hablamos. Que las mil cosas que no nos decimos pero que nos miramos son parte de mi oxígeno cada día. Que si no sé hablarte es porque ni siquiera sé hablarme a mí misma. Que me siento culpable por mis rayes y los malos tragos que nos hice pasar. Que me siento confundida por tus mambos y lo que nos provocan. Que tengo un miedo aterrador de que leas estas palabras y te generen a vos un miedo todavía peor y te escondas.

21 de febrero de 2019

Enumeraciones de una hipótesis inexacta

¿Y si te lo digo? ¿Y si finalmente dejo que caigan todos los miedos y barreras y me arriesgo? ¿Qué es lo que puedo perder?

* A vos. Pero la verdad es que hay una infinita cantidad de formas de perderte, y ninguna valdría tanto la pena como ésta.
* La integridad estructural de mi corazón, aunque ese hace rato anda medio rajado y se cansó de intentar curarse: dice que no es ningún Wolverine y si no me dejo de hacer cagadas va a dejarse desangrar para ahorrarnos el esfuerzo a ambos.
* Un poco la cordura, pero sería otro activo que anda en la baja en el mercado de indispensables para seguir andando. El que no esté un poco loco que arroje el primer comentario.
* Pedazos de mí misma, aquellos que se desprendan y se vayan con mis palabras, aquellos que se me caigan al intentar respirar, aquellos que siempre van a quedar con vos y no voy a recuperar nunca, no importa cuál sea el resultado.
* ¿La esperanza? Creo que estar planteando estos supuestos deja en duda de que hayan muchas, al menos reconocidas, quizás pierdo las que no me hago cargo tener, o esas nunca logren abandonarme tampoco sin importar cómo termine el cuento.

Hago este recuento para intentar encontrarle una lógica a una decisión imposible, como si esto fuera a ayudarme a decidirme, ilusa!

19 de febrero de 2019

Pasado-Presente-Futuro

"La excusa más cobarde es culpar al destino", porque es más fácil encontrar un culpable fuera, un culpable cualquiera, con tal de encontrar una explicación que no tenga que ver con hacer un análisis para adentro. Porque mirar para adentro implica asumir que hay muchas cosas que no superamos. Que si bien maduramos y ya no somos los mismos que hace 10 años, hay heridas que nos marcaron con cicatrices imborrables. Que hay cuestiones que no vamos nunca a superar, ni a mejorar, ni a cambiar, que siempre van a asomar cuando menos queramos.
Si, no estoy muy positiva hoy, será porque hay mil cosas que sí cambiaron, porque leo los viejos textos y me doy cuenta de cuánto puede una persona evolucionar en un par de años, pero así y todo los viejos miedos persisten y nos persiguen en pesadillas como ese payaso malo de nuestra infancia.
Prendé la luz, no le temas a la oscuridad, me dice mi inconsciente. Pero mi yo consciente apenas está juntando el valor para hacerlo.

29 de enero de 2016

Otra baraja que se mezcla

Otra etapa que tiene que cerrarse, fue corta pero intensa, intensa hasta el punto de que volvió a hacer caer mis estructuras. Pero como siempre que eso pasa, hay que volver a poner todo en su lugar, volver a encontrar el centro y armarme de nuevo. Hay muchas cosas donde apuntalarme, ya no tengo un par de estantes flojos, ahora tengo brazos que me ayudan a mantenerme en pie y volver a encontrar mi propio soporte.

Esto no quita que sufra el cierre, si no lo sufriese habría algo que no estoy haciendo bien. Otro aprendizaje en mi mochila para que me acompañe en el ser humano que soy, en el camino de ser un adulto. Porque crecer duele, pero más duele ser un eterno Peter Pan que no logra mirar hacia adelante y seguir caminando, que se niega a entender que la vida está llena de cosas buenas y malas, pero que todas por igual son parte de la experiencia de disfrutar la vida. 
Todas las experiencias son pinchazos para probarnos que aún estamos vivos. 

6 de octubre de 2014

Desvaríos de un lunes por la tarde

Cuando uno tiene unos días sin trabajar, aunque se esté cursando en la facultad, es más fácil encontrar momentos para el disfrute. El problema es la vuelta a la rutina. El día 1 después de las vacaciones la verdad que me está matando. El trabajo es como una mala relación: cuando uno se pelea, al mes extraña a su pareja y recuerda todas las cosas buenas, se produce el reencuentro, la reconciliación y apenas 2 días después recordamos que cortamos porque era un desastre! La nostalgia solo nos hace recordar las cosas buenas, se olvida de las malas.
No es que mi trabajo sea malo, me gusta el rubro en el que estoy, dentro de todo me gusta la empresa en la que estoy, pero todo tiene sus altibajos. Y el mayor altibajo para mí es el desorden. Lo tengo bastante disimulado, pero puedo llegar a ser muy obsesiva, y pasar tantas horas al día en un lugar desorganizado me estaría empezando a afectar. No hablo solo de un desorden físico, que lo hay, sino también de algo estructural. Me encanta trabajar en una empresa donde somos pocos, nos conocemos entre todos y la política es de puertas abiertas porque casi no tenemos puertas, pero en este tipo de estructuras hacen que muchas cosas recaigan sobre poca gente, y en mi afán de mantener todo organizado, suelo sobrecargarme más de lo que debería. Y aunque no lo haga a propósito, las circunstancias no me dejan otra opción.
Conclusión: necesito encontrar formas para que esto no me afecte, para no estresarme, porque en definitiva esto es un trabajo lo que tiene que preocuparme realmente son cosas de mi propia vida.
¿Consejos? Escucho.

4 de octubre de 2014

Tan simple como esto

Mi disfrute del día de ayer fue haberme sentado a escribir en este blog, haberme sentado a escribir, punto.
Es algo tan básico, algo que me saca tan poco tiempo, pero que sin embargo cajoneo siempre. Ojo, que sea básico y rápido no significa que sea fácil. En general cuando tengo una idea en la cabeza del estilo blog, es algo que fluye directo al teclado, sin tiempos muertos en el medio. Obvio que es muy distinto cuando intento escribir ficción, mi mayor lucha.
Recuerdo cuando tuve la oportunidad de asistir al taller de escritura, nos daban todas las semanas consignas para que usemos de base para cualquier tipo de texto que queramos escribir. Al principio llevé creaciones al estilo blog, microtextos los llamaba el profesor. Pero la idea, el desafío, estaba en poder escribir cuentos. Costó pero salió, antes de terminar las clases había logrado escribir un cuento de 3 carillas, muchísimo para alguien acostumbrada a la brevedad de una entrada. Algún día volveré, por ahora me quedo contenta con mis pequeñas entradas, mis pequeñas ventanas a mi día a día, sin demasiada vuelta, sin demasiada técnica, así como salen.
Por ahora, y como siempre, este blog es un pequeño gran disfrute para mí.


3 de octubre de 2014

En tiempos difíciles, estrella polar


Él es un placer que a veces olvido que lo es, porque lo llevo a todos lados, metidito en mi celular, sale de vez en cuando en un modo aleatorio, o porque me tiento de tenerlo cerca. A veces me olvido de lo que me genera, hasta que de golpe me acuerdo, y lo disfruto como uno de mis mayores placeres.
Él me contó al oído la frase de mi primer texto, me dijo que últimamente andaba perdida, que me vencían viejos fantasmas, pero también me dijo que sucede que a veces algo te eriza la piel y te rescata del naufragio.
Me enseñó que los peces no tienen memoria a largo plazo, y que lo que más humanos nos hace es luchar contra el olvido, alejarnos de la posición de peces desmemoriados.
Y hoy me cuenta sobre el paso del tiempo, sobre las cosas que perdemos, sobre lo que fuimos, lo que somos, aquello que alguna vez soñé con tener y hoy ni siquiera añoro.
Él sigue siendo uno de mis mayores placeres, el hombre que me canta al oído cada mañana que el vértigo se apodera de nuestras vidas de manera inexorable, que todos soñamos con huir al sur para empezar de nuevo, que para absolutamente todo la excusa más cobarde es culpar al destino.
Él siempre me recuerda que no estaré sola.

1 de octubre de 2014

Haciendo del disfrute algo diario

Hoy tuve la oportunidad de vivir una experiencia que me llenó la cabeza, me llenó el espíritu, me energizó de manera completa. Hoy pude participar del TEDxRiodelaPlata 2014. Para quienes no sepan de que se trata esto, el concepto básico es que TED es un movimiento que se dedica a difundir ideas (http://tedxriodelaplata.org/%C2%BFqu%C3%A9-es-ted). Así como suena, así de sencillo, difundir ideas. ¿Ideas sobre qué? Sobre cualquier cosa, lo importante es que en charlas de entre 9 y 14 minutos, distintas personas hablan sobre un tema para abrir la cabeza de quienes los están escuchando. Puede ser sobre una problemática, puede ser una experiencia de vida, puede ser un hecho científico. Lo importante es sentarse y escuchar, abrir la cabeza y dejar que las ideas fluyas. Porque fluyen, si bien es una charla unilateral, un monólogo (con alguna esporádica participación del público), las ideas salen del orador y quedan dando vueltas por la sala, nos entran por un oído, se estacionan en nuestro cerebro, se despiertan un rato, dan una vuelta por ahí y no nos abandonan.
Hubo una cosa que me quedé pensando hoy, y no tiene que ver con ningún tema que hayan tratado en las charlas, y es cuanto tiempo le dedicamos al día, cuanto tiempo le dedico yo, a hacer cosas que nos gratifican, que disfrutamos realmente. O sea, yo trabajo de lo que me gusta, por suerte, y eso me hace feliz, pero llega un momento que uno hace todo de manera tan automática y cotidiana, que deja de darse cuenta de los buenos momentos que eso implica. ¿Hace cuánto que no festejo cubrir un puesto? Y cuando festejo, además de hacerlo porque el cliente se queda contento, ¿no debería alegrarme por haberle conseguido trabajo a alguien? ¿no es esa en definitiva la razón de ser de mi tarea?
Más allá del trabajo, que es a lo que me enfrento a diario, ¿qué más hago en mi día porque realmente disfruto haciéndolo?
Así que quizás esta es una iniciativa, no quiero prometerles ni prometerme nada, porque el tiempo es tirano (como dicen en la tele), pero ojala pueda cumplir tomarme un momento de cada día para hacer algo que me haga feliz, y trataré de documentarlo por acá para guardar testimonio.
Muchas otras ideas me quedaron dando vueltas de la experiencia TEDxRiodelaPlata, si alguna se concreta, seguiré informando.

27 de junio de 2014

16 añitos fiera

¿Se acuerdan de esa sensación de la adolescencia de que el mundo es algo que nos podemos llevar por delante y que no hay nada que nos detenga?
Yo la recuerdo de refilón. Para cuando me llegó la adolescencia, la vida me estaba pasando por encima como un tornado, y lejos me dejó de la tierra de Oz. Sin embargo llegué a vislumbrar un atisbo de esa sensación, de esa idea joven de que las reglas las pone uno y todo es posible.
Hoy todavía tengo una reminiscencia de eso, una necesidad de sentir ese rush, esa adrenalina, de juntar esas fuerzas para sentir que nada me derrota y nunca nada lo va a hacer. Pero será por la edad, la cultura, o por mis propios prejuicios, algo me dice que estoy grande para eso, que tengo que poner los pies sobre la tierra y acotarme a lo que la realidad me presenta. A mi edad ya no se cuenta con esa protección omnipresente de los padres, que nos hace sentir que no importa lo que pase, todo va a estar bien. No existe la clara imagen de que todo lo que tenemos por delante es la vida, y lo único que tenemos que hacer es empezar a transitarla.
Mis pies se mueven inquietos, quieren caminar, correr, liberarse, soltar anclas, que les salgan alas. Pero mi cabeza les impide elevarse, les dice que ya no están para estos trotes y que tenemos que aprender a vivir con lo que nos toca. Las ansias de sentirse todo poderoso, de que todo escollo es solo eso, un objeto en nuestro camino, nada que no podamos soltar o sortear.La necesidad de sentir que mis fuerzas son mayores que la gravedad de la realidad que me rodea.
Las imperiosas ganas de volar.


7 de junio de 2014

Historias sin fin

Llega un momento en que uno se cansa de lo que es y quiere ser, y lo único que desea es dejar caer la armadura, quedar desnudo, expuesto, débil, frágil y ser derrotado en el intento. Es un pensamiento derrotista, pero once in awhile nos llega a todos esa idea. Especialmente a quienes somos exitistas. Llega un momento que se nos terminan las ganas de correr, de triunfar o buscar triunfar, de poner siempre nuestra cara de buenos amigos.

No es que lo hagamos de manera consciente ni mucho menos que esté mal que lo hagamos. Me tomó mucho tiempo encontrar mi propia paz y hoy por hoy mi mayor careta es contra la gente negativa, con la gente que lleva una nube sobre sus cabezas todo el tiempo y no la quieren dejar ir. Y la única manera de mantener alejada a esa gente es siempre brillar, siempre tener una sonrisa más grande que logre espantar los nubarrones ajenos. Pero bueno, esa no es una postura que uno pueda mantener todo el tiempo, requiere esfuerzo y compromiso. Requiere levantarse todos los días y reconfirmar nuestras decisiones de vidas, aquellas según las cuales dejamos atrás los días oscuros y solo dejamos entrar la luz. Reconfirmar que estamos donde queremos estar, que esto es lo que queremos ser, y que nadie puede derrotarnos, salvo nosotros mismos.

Es fácil decirlo, y algunos días es muy fácil hacerlo. A veces no es tan sencillo y las energías se agotan tratando de mantener todas las pelotas flotando en el aire.

Hace mucho que no usaba esa metáfora... Hace mucho que no me sentaba a pensar en cuantas pelotas estoy tratando de mantener flotando en el aire... Quizás sea hora de dejar que algunas caigan, que se hagan terrenales, que dejen de flotar para tocar el piso, crear raíces, darme solidez.

23 de abril de 2014

Time after time

Todos los días me despierto con la absoluta convicción y determinación de tener un buen día, de tomarme las cosas con calma, de no dejar que nada me afecte. Todos los días, inexorablemente, rompo con mis propias promesas y me dejo abatir, dejo que algo me golpee tan duro que al final del día me siento derrotada, cansada. Es un cansancio físico, mental, emocional, que me deja tirada, ahí donde caiga, con la única finalidad de juntar nuevas fuerzas para intentarlo al día siguiente de nuevo.
Pero a veces no es suficiente, a veces los golpes diarios son demasiados, me quedo con la necesidad de encontrar una salida definitiva, una puerta que se abra al desahogo, a una sensanción de alivio que todavía no sé hallar. Las ideas quedan en ideas, las intenciones se chocan con la realidad, y yo sigo acá, dando vueltas en círculos, buscando eso que "sucede que a veces" que canta Ismael, aquello que "te eriza la piel y te rescata del naufragio". Pero yo sigo acá, buscando algo que me permita expulsar mi angustia, llevarla al plano de lo real, que me haga llorar y desagotar el nudo en la garganta.
Tendrían que existir recetas para esto, sí, recetas mágicas, soluciones magistrales que den un poco de sosiego y paz.
No es mucho lo que pido, ¿no?

29 de noviembre de 2013

Las voces en su cabeza



Como cada lunes entró al taller literario, listo para poder disfrutar de esas dos horas donde sentía que su creatividad se liberaba. También como cada lunes se sentó en uno de los extremos del salón. Esa decisión no tenía una explicación aparente, pero había tomado la costumbre de sentarse por la misma zona clase tras clase, y nunca había considerado romper con la rutina. Para hoy tenían que leer “Asterix, el encargado”, de Fabián Casas, cuento que le había resultado muy entretenido, especialmente el entrelazado de historias que realizaba el autor, como un laberinto de ideas que avanzaban sin llegar a ninguna salida. Sin embargo no era la lectura asignada su parte favorita de los encuentros, sino el momento en que iban leyendo uno a uno las producciones individuales. Disfrutaba de igual manera escuchando lo que sus compañeros habían escrito como leyendo lo propio. Esto último implicaba una caricia para su ego, normalmente desinflado y poco alimentado. Ese lunes el profesor le pidió a Juana que empiece. Ella era una de esas chicas a las que uno no les da una segunda mirada, que la primera vez que la conoce la encasilla en la misma categoría que a las amigas, hermanas o primas lejanas, sin tomarse el tiempo de volver a catalogarla quizás más adelante. Y lo mismo pasaba con sus textos, si bien él no se consideraba un crítico literario ni mucho menos, los cuentos de Juana le resultaban “bien”, ni fu ni fa. Pero un poco por respeto, otro poco por rutina, se dispuso a escuchar atentamente el cuento que ella estaba por leerles.
Todo sucedió sin que siquiera lo planearan.”, comenzó la clara y monótona voz. La frase le resultó familiar, quizás había alguna similar al inició de uno de los tantos libros que llevaba leídos en su vida. “Gustavo y Sofía se conocieron por obra del destino, sin saber que el destino lo habían construido ellos”. ¿Otra frase familiar? No podía ser, no recordaba ningún texto ajeno cuyos protagonistas se llamaran así, pero de algún lado conocía aquellas líneas. En su pupitre tenía una carpeta con todos sus escritos hasta el momento y tratando de no llamar la atención del resto empezó a revolver entre las hojas, quizás ahí encontraría la respuesta. “Él se despertó esa mañana con la extraña sensación…”.
- Momento. – Pensó – No puede ser, ¿eso no lo escribí yo anoche?
Siguió buscando entre sus papeles, pero no encontró el texto al que, estaba seguro, pertenecían esas líneas. Llegado este punto, ya no podía disimular su contrariedad, oía las palabras salir de la boca de Juana, pero en lugar de escucharla a ella, resonaba en su cabeza su propia voz, reviviendo el mismo momento en que había escrito el texto. Aunque, ¿lo había escrito él, o estaba alucinando? Levantó la vista, la pasó a lo largo del aula y vio en la cara de sus compañeros como se maravillaban de la historia, la fascinación con la que seguían el relato, los gestos ante cada vuelta del argumento. Y mientras tanto Juana seguía leyendo con su voz monocorde y precisa, sin ningún tipo de entonación, lo mismo que si leyera un salmo en la misa. Era un insulto que lo leyera con esa falta de cadencia, era un texto que a él le despertaba tantas emociones, que le parecía tan vivo, que merecía ser cantado, más que leído. El cuento estaba inspirado en un suceso real, o para ser más precisos, en una historia propia que no fue, en una de esas relaciones que empiezan como si fuesen a ser para toda la vida y terminan como si acá no hubiese pasado nada. Sin embargo, en el cuento, se había encargado de que sus protagonistas tuvieran una chance de ser felices, de tener ese final que él no pudo.
Nuestro ultrajado autor se devanaba el cerebro tratando de entender lo que pasaba, recordaba cada palabra con exactitud, no podía ser un error, pero ¿cómo había llegado esta mujer a conocer un texto escrito apenas una noche atrás? ¿Y cómo se atrevía a leerlo como propio? Ninguna de las respuestas que se planteaba tenían sentido, sin embargo esto le estaba pasando realmente, a él, que el único pecado que había cometido fue el de creerse, cada lunes, mejor que Juana. Es que, admitámoslo, nunca fue mejor que nadie en nada, y esas dos horas de supremacía intelectual le producían una satisfacción suficiente para no sentirse mínimo el resto de la semana. Y sin embargo esa noche la gloria le estaba siendo arrebatada y no sabía cómo detener la caída. Si gritaba en ese momento “¡Ladrona!”, todos iban a creer que estaba loco, porque en definitiva quien tenía el texto en las manos era ella, a él solo le quedaba el recuerdo de su creación, no más. Fue entonces, mientras decidía qué hacer, que la paranoia se apoderó de su mente. Si esto lo había escrito anoche, en la soledad de su cuarto, ahí donde nadie entra porque no hay nadie para dejar entrar, ¿cómo había llegado a manos de Juana? La única explicación es que ella lo estuviera espiando, acechando, quizás fuera una de esas maniáticas que salen en las series policiales de moda, que persiguen a alguien en cada uno de sus movimientos, para finalmente asesinarlo en la oscuridad.
El sonido de las palabras llegó desde algún lugar del aula a su cerebro, que intentó conectarse con la realidad al captar que el cuento iba llegando a su fin. Palabra por palabra se iba formando el último párrafo, y al momento del punto final levantó la vista hacia Juana. Y ahí estaba ella, con la mirada clavada en la suya, esperándolo. Entonces la escuchó, una voz resonaba dentro de su cabeza, como si fuera parte de sus propios pensamientos y se fue adueñando de cada rincón de su conciencia. No lograba identificar las palabras, eran como murmullos, siseos, sonidos inconexos, pero estaba seguro de que era una voz y no podía sacarla de su cabeza. Mientras tanto la mirada desde el otro lado de la habitación lo tenía preso, en ella pudo ver todos sus miedos concentrados, desde el cuco escondido debajo de la cama, hasta el miedo a la muerte, pasando por algún auto pasando un semáforo en rojo y una mujer dejándolo. La mirada lo paralizaba, lo observaba sonriendo de forma maligna y peligrosa. Cuando creía que ese momento lo iba a dejar clavado en su asiento para siempre,  pudo entender, fuerte y precioso, lo que la voz clara y monótona de Juana le decía: “Por fin sos mío”.

14 de octubre de 2013

Salto de obstáculos

Hay momentos en que la vida nos pone a prueba. Pero no esas "pruebas" que uno relaciona con las cosas trágicas de la vida o los grandes escollos por vencer. No, cosas más sencillas, pero no por eso más fáciles de pasar.
Uno está años tratando de volverse alguien, de formar una personalidad, de desarrollarse como persona. En el camino le tocan vivir mil cosas que van cambiando la idea original, van transformando el objetivo. Y en ese mismo camino uno cree que va aprendiendo cosas. Digo cree porque teorizar todos teorizamos, el asunto es cuando tenemos que poner esos que creímos aprendido, a prueba. Tanta teoría tirada al aire, escrita, charlada, compartida con amigos como si tuviésemos la verdad absoluta. Pero cuando la práctica se nos pone enfrente, zas, nos olvidamos de todo lo que aprendimos.
Creo que estoy pasando por un momento "prueba", sencillo, sin mayores contratiempos, pero donde tengo que hacerme cargo de los años de experiencia, de los errores y aciertos, y tengo que poder ver las cosas como realmente son, sin idealismos, sin espejitos de colores, solo como son, así. Y recién después de darme cuenta de que esto es una "prueba" voy a poder saber si es lo que quiero o no.

7 de octubre de 2013

Psicología barata y comida casera

Esa manía tan mía de tratar de encontrar los por qué en los todos más absolutos, vicios del análisis difíciles de retomar en la soledad de mi casa. La perspectiva gestaltica cayéndose sobre mi cabeza, tratando de encontrar el valor de cada parte para asignarle un peso al todo, que siempre, pero siempre, es mayor.Pienso y pienso y pienso, y me cuesta ordenar las ideas, los patitos no se alinean, sigue cada uno su camino. La frustración, sumada a la sensación de algo que me supera y no puedo controlar. Lo peor es que lo puedo controlar, pero no estoy encontrando el camino para hacerlo porque, volviendo al principio, no le encuentro todos los por qué. Ganas de llorar atragantadas que no logro escupir por falta de motivos, la razón superpuesta a la emoción en un plano inexplicable para la razón misma. Me siento agotada, exhausta, demolida, derrumbada, sin la motivación necesaria para volver a construir esto que me aflige. No puedo. Algo que a veces digo a la ligera y que me cuesta tanto decir. No puedo. Significa darme por vencida, rendirme, tirar la toalla. ¿Por qué no puedo? Tengo que poder, yo siempre puedo con todo, siempre tengo que poder con todo y con mas. ¿Dónde está la traba? Porque es obvio que no está en lo que explícitamente me frustra, porque no es un obstaculo realmente tan grande. Y sin embargo ahí está y no logro saltarlo, sortearlo, esquivarlo, evitarlo, rodearlo, o simplemente derribarlo.

17 de septiembre de 2013

Su voz lo anestesiaba (bis)



- Podría dormirme todas las noches escuchando tu voz. – dijo en voz alta, o en realidad se le escapó en voz alta.
Era algo que tenía en la mente desde hace un rato y de golpe las palabras salieron de su boca, casi sin quererlo, casi sin darse cuenta.
Apenas terminó la frase clavó la mirada en el techo del dormitorio, como si todo el universo se concentrara en la mancha de humedad sobre su cabeza. ¿Cuánto tiempo llevaba así acostada? ¿Cuánto tiempo había esperado para estar así? ¿Cuánto tiempo iba a pasar hasta que se pinchara el globo que los rodeaba? Estas y otras preguntas le vinieron a la mente sin poder detenerlas.
Mientras tanto, la mancha de humedad seguía ahí, inmutable, totalmente ajena a la verborragia interna sucediendo un par de metros por debajo.
De golpe un pequeño movimiento de la mirada le hizo notar una mosca quietita, cerca del borde de la mancha. ¿Cómo puede ese insecto estar ahí tan tranquilo cuando el mundo está temblando, sacudiéndose convulsamente? Intenta calmar su respiración, desacelerar el pulso, segura de que si no lo logra el corazón va a salírsele de un salto. Intenta encontrar respuestas a todas sus preguntas en el afán imperioso de darle sentido a lo que le sucede.
- Podría dormirme todas las noches escuchando tu voz. – repitió, esta vez quizás más segura de querer decirlo.
Al girarse expectante de una respuesta, recibió como réplica un fuerte y profundo ronquido.

27 de agosto de 2013

Su voz lo anestesiaba

Una voz que anestesia puede hacerlo de una manera positiva y una negativa. Uno puede caer como anestesiado por el aburrimiento, el sueño, la fatiga, el hastío. O puede ser como una canción de cuna, una voz que nos arrulla, nos mece.
Es como la voz del mar, a muchas personas las seda, las relaja. Los sonidos son diferentes para cada quien, por eso es que algunos pueden dormirse con la radio puesta (y de hecho es parte de su ritual para poder descansar cada noche) y otros necesitan el silencio absoluto para rendirse al sueño.
Supongo que como todo en esta vida, los sonidos nos conectan con recuerdos sensoriales y de ahí las diferencias que implican para cada quien.
Recuerdo puntualmente una voz que logró anestesiarme, y ahora que lo pienso fue como un canto de sirena. En ese momento pensé expresar en voz alta: Me podría dormir todas las noches escuchando tu voz.
Pero no todos los sonidos deben ser emitidos, a veces algunos es mejor callarlos.

25 de agosto de 2013

Bloqueo Nº 1

Siempre me costó escribir cuentos. En realidad, recuerdo solo uno que pude escribir, en una clase de Literatura en el colegio. Y por más que intente, ese sigue siendo el único que recuerdo haber escrito.
Problemas con la redacción no tengo, sé como encajan las palabras unas con otras. El problema es el contenido, lo que quieren decir esas palabras. Se supo que un cuento contiene una historia, sirve para contarnos algo.  Ahí es donde tengo el inconveniente, no se me ocurre ninguna historia que contar. Yo siempre escribo lo que pienso, sin pensarlo demasiado, nunca pienso por adelantado sobre lo que quiero escribir. Es más, a veces me llega una idea de la nada y trato de retenerla pura en mi cabeza sin desarrollarla, para que llegue al teclado lo más fresca posible. Quizás tengo que probar eso, simplemente sentarme y ver a donde me lleva la historia, aunque no creo que me lleve a buen puerto, como mucho me quedará un cuento poco coherente de muchas muchas hojas y que no cuente nada.

18 de agosto de 2013

Frente al espejo de Alicia

"Ser feliz es una obligación que incumplo de cuando en cuando". Esa felicidad obligada porque cabe en el estereotipo de lo que la sociedad entiende como tal. Esa felicidad acartonada, que entra en una caja cuadrada de lados perfectos y cerradura hermética. A esa felicidad la incumplo de vez en vez, y si puedo más seguido aun. 
Porque hace años entendí que el ser humano se mueve como ese motor inmanente de una cosmogonía ya obsoleta, se mueve de manera infinita en la persecución de una felicidad inalcanzable, imaginaria e irreal.
No por que no se pueda ser feliz, al contrario, porque lo somos todo el tiempo pero no lo notamos, simplemente porque estamos pensando en nuestro próximo deseo, aquello que no alcanzamos, y nos perdemos la felicidad mediata.
No estoy diciendo ninguna novedad, seguro ya existen teorías al respecto y más de uno se lo habrá planteado en su interior.
Pero pasa que a veces lo sentimos más real que teórico, podemos palpar, casi oler esa necesidad de ir en contra del deseo absoluto y dedicarnos al placer inminente. Dejar de correr en la rueda como hamsters, y simplemente... parar.


Cuanta de esa felicidad obligada tiene que ver conmigo misma y cuanta con los demás. Cuanta de mi rebeldía inconclusa tiene que ver con la imagen en el otro más que con mi propia pasión. ¿Ante quien me rebelo si no es ante un otro? Porque no es contra mí misma contra quien batallo. O sí, depende del día.
Y el día de hoy, cuando me estoy reencontrando con tantas cosas, cuando en el espejo se mezcla mi yo verdadero y mi deseado, cuando la rueda vuelve a dar una vuelta pasando por exactamente los mismo lugares... el día de hoy quizás cumplo con ser feliz.

12 de agosto de 2013

Y un día decidí escribir un cuento...

Volver a las raíces siempre es difícil. Quizás por eso muchos rehuyen del análisis, porque es un constante flashback a aquello que nos es más básico y elemental, y quizás también más ajeno a quien somos de manera activa.
Viejos vicios, nuevos desafíos, una vuelta a una raíz muy onda, que casi no puedo precisar donde tuvo su origen. No sé donde surgió, pero como tantas cosas en la vida, seguro se lo tengo que agradecer a aquel que me dio vida y me dio luz, y que espero me la siga dando por muchos más años.
Esto con que me encuentro es algo tan mío, tan propio, tan puro, tan no sé qué. Es aquello que siempre tuve y jamás supe como agarrar. Es algo tan propio de mi vida y a la vez tan extraño.
La vuelta a la ficción siempre me cuesta, me atora, siempre me fue más fácil escribir solo pensamientos, antes que crear. Supongo que esto que hago siempre en el blog también es crear, pero no lo es tanto, es más plasmar. Crear otras realidades implica una dosis de fantasía que para algunas cosas me sobra pero en estos casos me escasea.
No sé si soy clara, siempre me cuesta serlo, y calculo que eso es parte de mi tara con la ficción.
Porque la fantasía siempre existe en mí, mil historias tejo todos los días en mi mente, pero son tan personales que tratar de ponerlas en otros personajes... me traba... quedan ahí atascados.
Quizás este regreso sea parte de este proceso constante que me toca vivir, que transito, que busco transitar y que espero que nunca termine.

6 de agosto de 2013

The time goes by

Pasa que nada pasa, que la vida trasciende más allá de nuestras propias fronteras. Pasa que no llegamos a oler a dos pasos de nuestra nariz, y menos que menos ver más allá.
Pasa que lo que no pasó no va a volver a pasar, que aquello que dejamos pasar es un paso atrás en nuestro andar.
Pasen y vean, la vida está cruzando frente a nosotros, pasen y vean, nos toca entrada gratis por la eternidad. Primera fila, nunca mejor ubicados, el show comienza, o ya comenzó, quien sabe, el programa no marca la grilla.
Sucede más que pasa, aunque lo que no sucede es lo que más nos inquieta. Serán cosas que suceden detrás del telón, debajo de las butacas
Sucede que no sucede nada, que de golpe la tierra dejó de girar y nos olvidamos de respirar. Que todas las cosas en movimiento decidieron dejar de moverse y se quedaron suspendidas en la estática de lo no sucedido.
Pasa todo y nada a la vez.