20 de agosto de 2012

Cartas que nunca se escriben

Miran al cielo y piden un deseo, cuál sea éste, no importa de qué se trata, solo lo que importa es poder pedir eso que deseamos, que anhelamos, que tenemos en el fondo de nuestro pecho acurrucado, oprimiendo por salir, generando calor dentro del cuerpo, arremolinando ideas.
¿Las estrellas nos escucharán? ¿Oirán aquello que ni siquiera decimos en voz alta? ¿Aquello que a veces nosotros mismos no nos admitimos o directamente no logramos reconocer?
Pedir un deseo, hacer palabras, promulgar en oraciones aquello que más deseamos, lo más profundo de nuestro ser, eso que nos mueve y nos genera combustible.
Entre el dolor de identificar nuestro deseo sin poder completarlo, y el que se siente cuando no se puede ni nombrarlo ¿qué será peor? ¿Hay algo que valdrá la pena correr ese riesgo?
A veces los miedos son más fuertes que cualquier posibilidad de felicidad, o ni siquiera eso, cualquier posibilidad de expiación, de ventana al alma, de escape, de fuga. A veces los miedos son más identificables que los deseos y por eso es más fácil seguirlos, porque están, son tangibles, los vemos y podemos medirlos y a sus consecuencias. En cambio el deseo es algo efímero, es fugaz, informe, imposible de sostener, de pesar, de identificar siquiera.
Cuando dicen que hay que dejar caer las estructuras y aferrarse al deseo, suena tan poéticamente lindo, y sin embargo tan imposible como los sueños mismos.
Porque los sueños sueños son, porque los deseos existen dentro mio solo para contárselos a las estrellas, entregárselos a ellas para que guarden el secreto incluso de mí misma.

15 de agosto de 2012

Déjate convencer

Esta noche está en nuestras manos decir alguna verdad, que ya mentimos a diario a nosotros mismos. Nos mentimos cuando nos negamos lo que nos pasa y lo que nos deja de pasar, cuando queremos creer cosas que no son, cuando nos nublamos a nosotros mismos la vista para no ver lo que tenemos adelante.
Nos mentimos a diario sin quererlo, por costumbre, por ese hábito de mantener nuestras estructuras, de no dejar que las paredes caigan, de no quedarnos en la duda sino buscar las certezas.
Algunas mentiras son leves, otras las cargamos en el alma, pero todas significan una manera de prisión donde nos encerramos de manera inconsciente, sin siquiera saber que perdemos libertades, muchas veces desconocidas, impensadas, inimaginables, insoportables quizás si las hacemos conscientes.
Nos mentimos en las mismas verdades, siempre dichas a media, en voz baja, a escondidas.
Nos mentimos diciendo cosas que creemos fervientemente, pero que en algún momento se desarman, nos muestran otra cara, aquello que no sabemos o no queremos.
Nos mentimos porque nos hace felices, y nos aleja del miedo atroz de decir una verdad que al momento de decirla deje de ser tal.

Enviado desde mi iPod

12 de agosto de 2012

No reconozco

Ya vez que la vida tiene el mal gusto de seguir su curso sin contar contigo, porque la vida no se detiene, no para, corre, no camina, corre. Uno siente a veces que el viento nos empuja, que nuestros pies no pueden parar, que debemos seguir adelante, apurados, tomando decisiones, acciones, sin poder detenernos a pensar o a meditar.
La carrera de la vida nunca se termina, y a mi entender es larga, no corta como muchos dicen. Podemos pensar que es corta si tenemos la mentalidad de vivir cada minuto como si fuera el último, pero yo prefiero creer que es larga y que por eso nos da las posibilidades de vivir más cosas, de pasar más experiencias.
No todas esas experiencias son buenas, a veces nos toca correr en terrenos más complicados, con obstáculos, subidas, desniveles. Sin embargo no bajamos el ritmo y seguimos adelante, porque las patadas en el culo tiran para adelante, porque nada es tan poderoso como para hacer que nos detengamos, porque no hay escudos ni defensas ni caparazones que pesen lo suficiente para hacernos parar, y aunque corramos con nuestra coraza puesta siempre vamos a seguir adelante.
Aunque corramos solos, aunque no veamos esas huellas junto a las nuestras, la vida sigue su curso sin contar conmigo y sin contar con vos, solo sigue, fluye, me lleva quien sabe donde, quien sabe porque caminos, por más que lo intente no puedo elegir.

11 de agosto de 2012

Últimamente se vuelve Siempre

Hace diez años, o quizás un poco más, ya perdí la noción de aquellos días, escribía mi primer texto, en una vieja máquina de escribir prestada. Un texto que durante meses retoqué infinitamente, maserándose cada día por mi vida, en mi cabeza, reflejándose informe e inconexo a través de mis palabras. Ese texto se llamo y siempre se llamará "Últimamente", como su canción, como esa canción que habla de un momento y de un deseo de futuro. Desde entonces sus letras me permitieron eso, abrirme, inspirarme, conectarme con ese no se qué que llevo dentro y que siempre escupo en letras. Ese texto dio vida a este blog, me dio la necesidad de expresarme, me abrió los ojos ante una forma de escape emocional que hasta el momento me acompaña. Y anoche, escuchándolo ahí en vivo, no podía evitar pensar cien nuevos textos, las palabras se agolpaban en mi cabeza y hervían por salir. No me pasa como con otros que uno siente que la canción cuenta la propia historia, que le habla a uno. No, él genera algo diferente, despierta sensaciones diferentes con cada frase, me hace pensar má allá de la estructura de una simple canción, más allá de mi propia estructura. Me hace pensar que las palabras son interminables, implacables, imposibles de ser detenidas, que mientras tenga voz y letras todo puede ser explicado, dicho, que ningún sentimiento, sensación o vivencia merece morir dentro, que hay cosas que exceden esas palabras que quedaran plasmadas en mis textos, y que no todo exceso es malo.
Así que modificando aquello que siempre dice, familiares y amigos, si conocen el contenido de alguna de estos textos, no dejen de acompañarme en el viaje de expresarlos, de sentirlos, de maserarlos dentro y explotarlos fuera, con toda la pasión que eso implique.

6 de agosto de 2012

Vértigo, que el mundo pare

Subidas y bajadas, idas y venidas, esa calma que no llega para detener el implacable vértigo. Esta cabeza que se revoluciona cada cierto tiempo, a la que le cuesta tanto relajarse. Me encierro en mi propia cáscara, ese escudo infalible, infaltable, el ostracismo perfecto, el aislamiento de las ideas, a ver si así solas se acomodan un poco y dejan de golpearme.

Esa necesidad imperante de entrar en acción, de un cambio brusco, de un giro inesperado, de que la vida tuerza en una esquina y me deje patas para arriba.

Es raro, las ganas de caos, de movimiento, se cruzan con la necesidad de bajar un par de cambios, de tranquilidad, de no pensar. Quizás es eso, el no pensar, la acción no da tiempo a la idea,la adrenalina del movimiento no da tiempo para la reflexión, para la crítica, para golpearse por lo hecho o no hecho.

No sé que será, pero en definitiva no me aguanto en esta piel, necesito estallar y ya.Ni el llanto llega a salir, se queda ahí atorado, sin saber cómo escapar, por qué hacerlo, la angustia queda muda e inconclusa. 

20 de junio de 2012

Mientras me aguanten los huesos

"Sé que no puedo dormir porque siempre estoy soñando: en invierno con el sol, con las nubes en verano". Soñar incoherencias, cosas absurdas, un mundo patas para arriba, nos quitará el sueño, nos mantendrá despiertos por las noches, pero tiene un no se que particular que lo hace casi adictivo.
Luego de días de esa confusión casi puber (como bien señaló una amiga por allí), encuentro la calma y la paz necesaria en mi propia cotidianidad.
Es extraño, porque mucha gente le teme a estar sola (yo era así hasta hace unos años), le tiene miedo a la rutina, a quedarse en casa, a lo cotidiano.
Y sin embargo yo encuentro en este espacio y tiempo tan mío algo que nadie me puede perturbar.
Después de días de no estar cómoda ni en mi propia cama, volver a sentir ese algo particular que me da la soledad, esa conexión conmigo misma que me deja ser más allá de la hostilidad del mundo exterior.
Quizás algunos lo vean como una forma de acorazarme, de esconderme atrás de un escudo. Yo creo que es al revés, creo que plantarme sobre mi propio terreno me da otra posición para enfrentarme al mundo, otra seguridad. No me escondo, al contrario, yo le pongo el pecho a todo lo que siento, pienso y a las consecuencias que eso trae en mi vida.
Así que sin planes ni ataduras me zambullo nuevamente a la vida, sin miedo a los golpes que puedo recibir, solo miedo a no estar tomando las decisiones correctas.



17 de junio de 2012

Ser o no ser

Tantas ideas corren por mi cabeza que a veces siento que si logro capturar una sola, aunque sea, voy a entender algo. Pero no, no creo que sea tan fácil, creo que este caos en algún punto me sirve. ¿En qué punto? No lo sé, no lo termino de entender tampoco, pero tanta energía dando vueltas no puede ser gratis, alguna consecuencia tiene que tener, algo se está gestando en esta mi cabecita, será una idea, una conclusión, un plan. No lo sé.
¿Será mi maldita necesidad de meter todo en su correcta estructura e ir cerrando asuntos? Es posible, pero no creo tampoco que sea algo tan sencillo. Lo que siento en este momento es que me faltan piezas del rompe cabezas. No, no me faltan jugadores ni caramelos en el tarro. Me refiero  a que me faltan pedazos de la situación para terminar de armar el cuadro y ver las cosas como tienen que ser o no ser.
siempre me costó mucho luchar contra mis impulsos, pensar en frío, dejar que las cosas se acomoden solas. No es mi filosofía, no creo que sea la solución a nada. Pero la gente dice que a veces la inacción es una manera de hacer algo, es una decisión tomada no actuar, quedarse quieto, esperar.
¿Esperar qué? No tengo idea, si lo supiera todas estas ideas que corren en mi cabeza se quedarían quietitas un momento y me dejarían ver lo que hay de fondo, aquello que las entrelaza, aquello que no alcanzo a ver.
¿Vieron esos momentos en que cada frase de una canción, de un libro, los remite a algo pero no pueden terminar de saber a qué? Quizás nunca les pasó, pero eso es lo que me está pasando a mí. Y si hay algo que me descoloca es la incertidumbre, no saber que hacer, no saber qué me pasa, no saber que siento, que pienso.
Dejarme ser o padecer en el intento, esa parece ser la cuestión.

16 de junio de 2012

Demasiado silencio

A veces extraño correr a fondo y estrellarme contra la pared, no soy una persona pasiva (siempre lo digo), no sirvo para quedarme sentada y esperar que el mundo pase.
Pero a veces uno no sabe que hacer, o no tiene nada para hacer, no hay ningún objetivo que nos movilice, que nos haga arrancar.
Si, es así, extraño correr riesgos, extraño la adrenalina del no saber que va a pasar, el miedo a las consecuencias, a las heridas, a las cicatrices.
Quiero sentir esa energía que fluye adentro antes del golpe, esa sensación única que da correr un riesgo.
Soy así, que le voy a hacer, la monotonía me está matando, extraño la pasión en cualquiera de sus facetas. ¿Está girando el mundo? A pararlo y darlo vuelta, que gire para el otro lado o que se quede quieto y seamos nosotros los que lo hagamos girar a fuerza de correr sin rumbo.

29 de abril de 2012

Conocerte con los ojos cerrados

Partamos de esta idea romántica, que no comparto, de que existe el amor a primera vista. Esto deja demasiado librado a un solo sentido lo que no tiene que ver con ningún sentido en realidad. A primera vista nos habla de eso que entra por los ojos, de aquello que miramos, de una imagen, que puede corresponderse o no con la realidad que representa. Otra frase hecha apoya mi postura: no todo lo que brilla es oro.

Durante mucho tiempo afirmé que me doy cuenta cuando alguien me gusta o no la primera vez que lo veo, desde el primer momento algo me llama la atención. Ya descreo de eso que decía, no porque alguna experiencia me haya probado lo contrario, sino porque con el tiempo comprobé que la mirada es el más subjetivo de nuestros sentidos. A veces vemos algo hermoso influidos por nuestros sentimientos y nos hacen verlo así, y lo contrario también pasa: cosas que nos generan rechazo, no podemos ni verlas.

De nuevo, todavía la experiencia no me demostró cual de las dos ideas es la correcta o si alguna está errada, pensar que el amor parte de una sola mirada me deja con gusto a poco, prefiero pensar que es algo que se gana paso a paso, pese a las primeras impresiones, pese a la manera en que nos engañan los ojos.

Una persona, que no voy a nombrar porque es piedra, una vez me preguntó qué puntaje le daba a mi ex novio en cuanto a lindo. Mi respuesta fue: 6, y esta misma persona no podía creerlo. Me insistía en que si estuve con él era porque lo consideraba un número más alto. Lo que no logré que entendiera (lo cual no me sorprendió en absoluto) es que cuando uno está enamorado siempre ve al otro como un 10, cualquier gesto del ser amado nos parece maravilloso y valioso. Pero una vez que ese amor se fue, como es el caso con mi ex, uno puede volver a ser objetivo, ve las cosas con los ojos del cuerpo y no con los del corazón, y puede ser sincero y poner un 6 cuando es merecido.

Así que me muestro contraria a la idea del amor a primera vista, yo, una romántica extrema, porque es muy simple dejar la responsabilidad en un solo segundo, en un solo momento, en un solo sentido. Es no hacerse cargo de tantas otras cosas que involucran el nacimiento de un amor.

23 de abril de 2012

Arriba del 41

Siempre que me pongo a escribir, las mismas ideas surgen para empezar un texto: respirar hondo, dejar la mente ir, las ideas que vuelan solas. Quizás porque para mí escribir no implica solo el texto, sino que incluye todo el proceso que me lleva a ello.
Una vez me preguntaron cada cuanto escribo en el blog, y la respuesta fue que cuando me sale. Porque es así para mí, es un proceso en sí mismo, desde que la primer idea llega a mi cabeza, pasando por el camino que me permite hacerlas palabras, hasta el momento en que logro plasmarlas en un texto.
Hoy las palabras llegan así de la nada, arriba de un colectivo, sin una idea puntual que las inspire, solo la necesidad que escribir lo que me viene a la mente.
Quizás exista un patrón, quizás mi cabeza tiene un disparador, algo que genera esta necesidad, pero todavía no logro identificarlo y la verdad que no quiero hacerlo. Prefiero esta libertad de acción que me lleva a mover los dedos, a tipear, donde sea que este, en el momento que sea.
Muchas veces la vida nos inspira, muchas veces no, y así y todo escribo.
Me alegra tener esto que me puede salir por impulso y que nadie ni nada puede detener.