2 de octubre de 2009

Los gatos

Hoy puedo entender que te gusta el mate cocido, puedo entender tus gestos y tu miradas, puedo comprender eso que me decís pero no con palabras.

Puedo mirar un movimiento tuyo y descubrir cuál va a ser el siguiente, cuando tu mano se levanta e instintivamente encuentra mi cara, la toma y la acaricia.

Ese conocimiento pleno, que me hace sentir tan unida a vos, esa complicidad en los ojos, ese mirarnos y reconocernos como si este no fuese nuestro primer encuentro en la tierra, como si ya nos hubiesemos encontrado en vidas anteriores.

Quizás vos eras un gato, probablemente lo eras, y yo era una gata.

Y salíamos a pasear por unas calles abandonadas, nos tirabamos a dormir bajo la luz de la luna, sin importarnos que el mundo se siguiera moviendo, que siguiera su curso.

A quién le importa el movimiento del mundo cuando te tengo a vos?

Quizás ese movimiento a veces nos hace dudar, nos hace temblar, nos hace mirar para todos lados y sentir que estamos rodeados solo por una neblina blanca y espesa que no nos deja mirar más allá de la distancia de nuestras manos.

Y cuando miro a esa distancia siempre encuentro que junto con mi mano está la tuya, agarrándola, apretándola fuerte cuando la niebla se hace más espesa.

Esa única sensación es suficiente para seguir caminando en la neblina, sabiendo que el otro está ahí, siempre.

1 de octubre de 2009

Alguien puso en palabras lo que dicta el corazón

Ya no me encuentro preguntando sobre amor,
por fin no hay nada que pretenda no saber.
Entiendo que no hay relación entre amar y envejecer.
Ya no me encuentro preguntando como dar,
por fin comparto, por el miedo de perder,
el milagro de tus caricias
llegando el amanecer.
Ya no me encuentro contestando un “yo que sé?”
por fin entiendo que en tus redes yo caí.
Ya no me encuentro preguntándome “por qué?”.
por fin entiendo de una vez el porque sí.
Porque te vi, te deje entrar,
cerré la puerta y te elegí.
Porque esos 2 faroles pueden hacer
que si estoy fané, las pequeñas cosas
se bañen del brillo de esa ternura
que transmitís cuando me mirás.
Hoy puedo entender que te gusta el té,
que odias el café, que no querés rosas.
que a pesar del vértigo no hay altura
que impida que me saque el disfraz.
Tirando a matar, dándonos changüí,
puro razonar, puro frenesí.
Siempre fue así nuestra historia,
que funcione o no, que esté bien o mal,
vivirlo con vos para mi es la gloria.
Sin escatimar, sin darnos de más,
sin acelerar, sin tirar pa’ atrás.
Siempre fue así nuestro asunto;
le falta de acá, le sobra de allá,
retocándolo, pero siempre juntos.
Ya no le temo a ese cagón que habita en mi,
ni a sus ataques tontos de furia precoz;
distingo excusa y resultado,
y ahora elijo estar con vos.
Ya no me encuentro figurando en el veraz,
por fin no debo más que lo que va a venir;
pago los precios de tenerte,
darte amor y ser felíz.
Ya no me encuentro contestando un “yo que sé?”,
por fin entiendo que en tus redes yo caí.
Ya no me encuentro preguntándome “por qué?”.
por fin entiendo de una vez el porque sí.
Porque te vi, te deje entrar,
cerré la puerta y te elegí.
Porque me es imposible de imaginar
agonía más cruel, más aterradora
que mi canto y tu danza alejándose;
Uno arriba del tren y otro en la estación.
En los momentos en que quiero escapar
De mi propia piel, vos sos mi doctora;
con mi panza y tu panza rozándose
no hay poeta que no haga una canción.
Tirando a matar, dándonos changüí,
puro razonar, puro frenesí.
Siempre fue así nuestra historia,
que funcione o no, que esté bien o mal,
vivirlo con vos para mi es la gloria.
Sin escatimar, sin darnos de más,
sin acelerar, sin tirar pa’ atrás.
Siempre fue así nuestro asunto;
le falta de acá, le sobra de allá,
retocándolo, pero siempre juntos.

Las Pastillas del Abuelo (La doctora 2)