
Los primeros párrafos me recordaron a Estudio en Escarla, de Conan Doyle. Tal como pasa con Watson, Hasting es un militar retirado por cuestiones de salud, y apenas vuelto de la guerra se encuentra con un amigo de la juventud que da el pie para el inicio de la historia. Obviamente, de ahí en más, ambas historias difieren muchísimo. Principalmente porque Poirot y Holmes tiene métodos totalmente diferentes, aunque ambos le deben el éxito a las "pequeñas células grises".
Pero bueno, no era de ellos de quienes quería escribir, sino sobre esta novela. A esta altura de mi vida, acierto al asesino en el 50% por ciento de los casos (si, solo la mitad de las veces, y eso es lo que me gusta de Agatha: por más que la lea y lea, siempre va a tener algo para sorprenderme) y esta vez no logr Aunque n{e hacerlo. y tampoco logré ni cerca darme cuenta de cómo se había realizado el asesinato. Hasta el último momento creí estar segura de quién era el asesino, y en el último capítulo ¡zaz! Agatha nos da vuelta todo y nos vuelve a sorprender.
Resumiendo: El misterios caso de Styles trata sobre una familia liderada por una madrastra, buena pero tacaña, algunos hijos con deudas y varios amigos. Trata sobre saber que alguien en la casa es el asesino pero no saber quien, sobre un envenenamiento, sobre dejarse llevar por el instinto, y sobre no dar nada por seguro (no gente, ya sabemos todos que eso de que en las novelas de detectives el asesino siempre es el mayordomo es una gran mentira).
Para ser una primer novela, un misterio lo suficientemente difícil de descubrir como para atrapar al lector. Por suerte siempre tenemos a "papá Poirot" para recordarnos lo tonto que somos.